La Motivación, el equilibrio emocional del equipo

La Motivación, el equilibrio emocional del equipo

Cada futbolista, es único. En función de su demarcación, carácter y personalidad, aporta un estilo, motivaciones y expectativas diferentes al resto de compañeros. Ante esta diversidad, para que un grupo de futbolistas ejerza como equipo, es necesario que el entrenador reorganice las motivaciones individuales y consiga armonizar estas diferencias para contar con la fuerza emocional necesaria en cada fase de competición: el Equilibrio Emocional del equipo.

Entender estas necesidades individuales, valorarlas adecuadamente y ajustarlas en la misma dirección, supone para el entrenador principal y especialistas, obtener una mayor comprensión de cada jugador para construir la personalidad del equipo. Un lenguaje común que les permite comunicarse eficazmente, y hacer del equilibrio mental y el movimiento, una forma también única de competir.

El recurso individual… ¿por encima de la Motivación Colectiva?

Motivación significa tener motivos o interés para querer conseguir lo que nos propongamos. Saber qué motiva a cada jugador, permite graduar emocionalmente al equipo y disponerlo para estar implicado y competir al máximo nivel. Ahora bien, el cometido del entrenador es construir un espacio de trabajo donde todos los futbolistas se sientan importantes, seguros, que le permita consolidar un ambiente donde TODOS sean sensibles a la crítica y así puedan seguir creciendo, mantener el interés. Por tanto, la motivación, es un recurso individual al servicio del trabajo colectivo, es decir, si cada futbolista quiere dar lo máximo, el resultado es que TODOS podrán competir como equipo, donde lo colectivo siempre estará por encima de las individualidades.

A nivel Neurológico, la motivación está localizada en la zona límbica del cerebro, el área que rige el equilibrio físico–mental, una especie de perla blanca que contiene la historia del origen del movimiento: el placer. Por esto es importante recompensar el esfuerzo y el movimiento, porque a fin de cuentas, el futbolista se mueve para obtener placer.

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Pero en su vertiente más mental, el futbolista construye su personalidad en base a diferentes formas de valorar su propia actuación deportiva, con dos estilos básicos de autoevaluación (Cruz, Boixadós, Torregosa y Mimbrero, 1996):

  • Algunos valoran su éxito y su capacidad en términos del esfuerzo que realizan, con el progreso personal que experimentan con respecto a sus habilidades técnicas en el terreno de juego. Estos deportistas se motivan y orientan a la tarea, a lo que tienen que hacer, se sienten competentes cuando aprenden algo nuevo y/o sienten que mejoran, mostrando interés por lo que hacen y con persistencia, sobretodo después de fracasar o no conseguir la meta
  • Otros se centran en “metas orientadas al ego”, es decir, el deportista se siente competente cuando, después de realizar una comparación con los compañeros o grupo de iguales que esté trabajando en ese momento, se siente superior. En este caso, el futbolista se siente capaz y con éxito cuando demuestra una capacidad superior por encima de sus “competidores” o rinde exactamente igual con menos esfuerzo

¿Qué es lo realmente importante para competir?

Cuando un futbolista, percibe o se autoevalúa como incompetente, es decir, cree que la capacidad que tiene para competir es pequeña, su motivación se orienta hacia la elección de tareas demasiado fáciles, no esforzarse lo suficiente y no persistir para conseguir mejorar aspectos concretos, técnico, tácticos, físicos o mentales.

Enseñar a los futbolistas a superarse, valorar el esfuerzo, plantear actividades adaptadas a las características de los futbolistas, implicarlos como equipo, reconocer el trabajo de todos, es útil porque auto–motivarse significa sentirse independiente emocionalmente, así los futbolistas perciben que son responsables de sus éxitos y fracasos, que de ellos mismos depende, en gran medida, el poder modificarlo y mejorarlo.

El fútbol constituye un entorno inmejorable para cimentar las bases emocionales de la personalidad del futbolista, la habilidad para adaptar el movimiento y conectar eficazmente con el equipo.

La eficacia del equipo depende de integrar el cerebro del portero en el juego colectivo. Luis Llopis, 2010.

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Amalia Revuelta

Psicóloga Deportiva
Especialista Lateralidad